La Coordinación Estudiantil de Cultura y Recreación invita a visitar la muestra de la Cátedra Arquitectura 2 C “Aprendiendo de la Casa Rébora, Aprender de un referente”
Esta muestra plantea una puerta de entrada hacia la cultura disciplinar en la arquitectura en los primeros años de la carrera. El referente arquitectónico se convierte en un motor generador de interrogantes, tanto para estudiantes como para docentes.
La Casa Rébora (1948). Residiendo en Ascochinga desde 1946, Luis Rébora decide comprar el lote para la construcción de su casa. El barrio elegido por Rébora para su casa, el Cerro de las Rosas, había surgido en 1928 como lugar de residencia de la clase media y alta de Córdoba. Pero hasta la segunda mitad de la década del 40, el extremo oeste del barrio era un lugar bastante despoblado, con calles de tierra y construcciones dispersas.
La elección del terreno es clave para entender la estrategia de implantación de la casa, reflejando la concepción que Rébora tenía de la arquitectura. El lote, un polígono de 600 m² de superficie, se ubica en la esquina noreste enfrente de una plaza que gira 45° con respecto a la calle.
Sin vecinos inmediatos al momento de la obra, pensó su casa para ser percibida desde diferentes ángulos, incluso cuando las construcciones linderas se hubieran consolidado. Además, para Rébora la arquitectura era un volumen que no sólo incluía la casa sino el lote completo.
Este concepto moderno de desjerarquización de los espacios cubiertos, semicubiertos o descubiertos dista mucho del modelo previo de casa “cajón” donde hay una clara diferenciación entre el espacio doméstico interior y el jardín, que es lo que está afuera de la vivienda y pertenece a la naturaleza.
Por otra parte, en años posteriores llevó a un extremo su concepción de la arquitectura como volumen (principalmente en viviendas colectivas) cuando, en lotes que se lo permitieran, generara volúmenes en “semitorre”, pegándose a una de las medianeras y liberando los tres lados restantes para iluminación y ventilación.
El arribo a la vivienda transforma un mero hecho funcional en un hecho plástico. La aproximación se da a 45° mediante un camino de piedra que se interna bajo un volumen blanco que en su fuga distorsiona sus proporciones. Al fondo, la vista recorre en línea recta la mayor dimensión del terreno atravesando planos de sombra y luz, ofreciendo un panorama donde naturaleza y artificio se complementan. Cuando llegamos bajo la sombra de la galería debemos girar para encontrar la entrada, un plano de cristal al que penetran tanto el cielorraso coloreado como el piso de piedra.
Una vez adentro, la casa puede explicarse íntegramente en corte, en el que la rampa se convierte en la pieza clave que vincula espacialmente los diferentes sectores. El primer tramo conecta el sector social de planta baja con el paquete funcional de servicio, desfasado a medio nivel. El segundo tramo continúa ascendiendo en dirección contraria hasta llegar al paquete más íntimo ubicado en primer piso, bajo el cual se ubica la galería de acceso a la vivienda. Estos dos bloques funcionales poseen una orientación Norte-Sur, con ventilación cruzada y óptimo asoleamiento. Transversalmente a ellos y coincidente con la direccional de la rampa, el sector diurno de estar se organiza Este-Oeste. Bajo el comedor y descendiendo algunos escalones desde el estar se ubica el estudio del arquitecto, vinculado por su parte con la cochera y el sector de servicio.
Un mural pintado por el propio arquitecto (hoy perdido) representando el modulor de Le Corbusier en sus diferentes posiciones, ocupaba uno de los tímpanos interiores de la biblioteca. Tanto comedor como biblioteca participan espacialmente del sector central del la casa en una búsqueda de fluidez espacial, que si bien comenzaba a evidenciarse en algunos ejemplos locales, no era muy común para la arquitectura de Córdoba de esa época. Dicha búsqueda, como bien apunta Francisco Liernur, ya había sido ensayada en el país en algunos ejemplos de edificios “neocoloniales” de principios del siglo XX.
La propuesta reside en la construcción de un método que evite la amnesia cultural y promueva un análisis exhaustivo, tratando de eludir la lectura superficial de los últimos referentes arquitectónicos, alentando en cambio una comprensión profunda de sus raíces.
Se propone la formación de estudiantes que entienda que apreciar la riqueza de la cultura arquitectónica exige indagar en las raíces, en los porqués de cada elemento y decisión, tomando distancia de las enseñanzas con recetas descontextualizadas y promoviendo un estudio profundo de un referente específico.
El referente, adopta un papel dual: puede ser un factor de ruptura o de guía en la dinámica del taller. Funciona como un espejo en el que se reflejan las propias ideas o como base para la crítica constructiva.
Este ejercicio resulta especialmente valioso para estudiantes que están dando sus primeros pasos en la carrera. Así, la exploración profunda de referentes arquitectónicos se erige como una vía esencial para formar profesionales con una perspectiva crítica, con una comprensión histórica sólida y capacidad de traducir el pasado en una contribución significativa al presente y futuro de la disciplina.
La muestra se encuentra montada en el Hall Norte PA de la FAUD, sede Ciudad Universitaria y se podrá visitar hasta el día martes 22 de agosto.